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miércoles, 12 de junio de 2013

Si digo NO, no pasa nada

12 de Junio

Si digo No, no pasa nada




A veces muchas personas sienten miedo al decir no, tanto en el trabajo, con la familia, o con los amigos....., hacen cosas que no quieren hacer por la dificultad de decir no. Se sienten mal si dicen No. En el trabajo se hacen cargo de cosas que no son sus tareas, acuden a lugares solo porque los invitaron y sin tener ganas y apenas saben disfrutar de su tiempo libre, porque no lo tienen, siempren estan ayudando a otros o haciendo cosas que otros han propuesto.

Cuesta decir No porque se piensa que los demás se pueden enfadar, que ya no contaran la proxima vez con ellos, otras veces porque no se quiere hacer daño al otro y nos creemos que tenemos que cumplir con todo. Lo que ocurre es que el gran perjudicado es uno mismo, ya que no se puede aceptar todo,existe un limite y eso solo lo podemos poner nosotros, para ello aprender es lo que hacer en cada momento quizas no sea fácil al principio, pero nadie va a resultar dañado si no hacemos algo. Es cuestion de cambiar nuestra forma de pensar y mirar un poco mas por uno mismo y considerar lo verdaderamente necesario, bueno y util de hacer.
Hay que diferenciar entre no contrariar a nuestros interlocutores porque coincidimos con sus propuestas, opiniones o planteamientos y entre hacerlo por sistema, siempre y en cualquier circunstancia. Si no manifestamos nuestro desacuerdo cuando discrepamos en cuestiones importantes, o si hacemos lo que consideramos inapropiado o lo que resulta perjudicial para nuestros intereses, anteponemos las necesidades, opiniones o deseos de los demás a los nuestros.
Un "no" a secas puede resultar poco amable; después del "no" conviene decir "sí", aunque sea a la postura contraria de la de nuestro interlocutor, proporcionando alternativas, exponiendo y defendiendo nuestros argumentos con convicción y firmeza pero eso sí, sin herir ni menospreciar a nadie. Y esto sólo es posible si previamente sabemos decir "no" sin sentirnos culpables por ello.
Cuando queremos decir "no" y, sin embargo, decimos "sí", estamos devaluando nuestro "sí", ya que, de puro rutinario, lo hemos despojado de su verdadero valor. Y devaluar nuestra afirmación es hacerlo con nuestro crédito como personas que sienten, piensan y tienen criterio propio. Equivale a devaluarnos ante los demás y ante nosotros mismos.
Hemos de buscar un equilibrio que nos permita ser tolerantes y comprensivos, pero siempre habilitando un espacio para expresar nuestros matices o discrepancias. Si cedemos siempre, nos estamos haciendo daño. Si no somos capaces de decir "no", pensaremos que a los demás les puede ocurrir lo mismo. Y cada vez que obtengamos una afirmación a algo que pedimos o comentamos, dudaremos de si realmente es una respuesta sincera, y por ende, si importamos a nuestro interlocutor.

  • No nos sintamos culpables por decir "no".
  • Dar (adecuadamente) prioridad a nuestras necesidades, opiniones y deseos no es una manifestación de egoísmo, sino de responsabilidad, autoestima y madurez.
  • Decir "no" cuando lo consideramos justo o necesario es la mejor forma de comprobar en qué medida se nos valora y se nos quiere por cómo somos en realidad.
  • Permitámonos verificar que nuestras negativas no sólo no rompen vínculos con los demás, sino que plasman un compromiso de sinceridad, respeto (por los demás y por nosotros mismos), responsabilidad y autenticidad.
  • La confianza se fortalece cuando el diálogo y la interacción no se sustentan en falsos asentimientos y condescendencias.
  • Si ejercemos nuestro derecho a decir "no", podremos pensar que los demás hacen lo propio, y asentaremos una comunicación más fiable, veraz y fluida.

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